Cuando los novios planifican su boda, uno de los detalles que han de considerar es la música para la boda y, en especial, aquella que ambientará el momento de la ceremonia nupcial.
El servicio musical durante la ceremonia constituye una elección muy personal de acuerdo con las preferencias personales de los novios y de sus familiares más próximos. La solemnidad del acto se convierte en el recuerdo más entrañable de toda una vida y la música de boda interpretada durante la ceremonia, constituye su principal referente.
Existen novios, una minoría, que se contentan con la audición de música de boda grabada pero lo normal es que aprecien el valor de una música en directo, que hayan elegido previamente. Esta modalidad de elección de la música para bodas constituye una novedad en el entorno nupcial que hasta hace poco tiempo, no existía.
Los organistas y demás solistas, imponían sus repertorios sin posibilidad de elección pero ahora ofrecen un trato más personalizado. En una entrevista con los novios se escuchan diversas piezas musicales y se seleccionan las de su mayor agrado así como sus preferencias en cuanto a las posibilidades de actuación de los profesionales, siempre partiendo del instrumento principal, el órgano, que puede complementarse con voces solistas e instrumentos afines como el violín o el violonchelo.
Otra novedad muy reciente en la música para bodas, la constituye la posibilidad de interpretación, una vez finalizado el acto litúrgico y antes de la firma de los testigos, de una pieza no religiosa, de melodías procedentes de películas o musicales famosos que clausura la ceremonia con un aire más actual y joven que resulta muy apreciado por los contrayentes e invitados de su generación.
Los novios también han de tener en cuenta el timbre o calidad del sonido que producen los instrumentos. Una partitura musical no suena igual si es interpretada por un teclado electrónico o por un órgano litúrgico ya que siendo las mismas notas, el matiz sonoro es totalmente diferente. Cada timbre sonoro tiene su lugar apropiado. En un restaurante o en una sala de baile, sería inadmisible la interpretación de la música de la boda -independientemente de sus características- con un órgano litúrgico. Pues exactamente igual, es inadmisible que en una Iglesia suene una música electrónica.
Siendo tan elemental este principio, todavía se da el caso de algunos novios que pensando solo en el ahorro económico, contratan al mismo músico que debe amenizar el banquete o el baile para que toque también en la iglesia durante la ceremonia. El resultado es siempre catastrófico y de ello se dan cuenta todos los invitados y los propios novios cuando ya no pueden rectificar.